viernes, 28 de marzo de 2025

Un profe bueno

He decidido tomar el título de un artículo que leí hace ya muchos años que trataba de describir a un médico pediatra que me atendió en la infancia, justo un día después de su muerte, y lo he cambiado porque, si bien no conocí en el plano personal al profe que aquí intentaré describir, sí puedo reconocer su labor como docente, formador de docentes y un poco como directivo de una secundaria que pertenecía a la zona escolar donde trabajé poco más de trece años.

Cuando llegué a la Normal, no recuerdo en que año, su nombre resonaba en los pasillos junto a otros que me parecían igual de importantes: Garma, Chiu, Rogelio Reyes y el de él, Enrique Varela. Cada uno de ellos tenía una fama que defender, Varela la de un lector que exigía formar lectores, a partir de sus propias lecturas, sus referentes literarios que correspondían a un gusto propio y que, me parece, le eran cómodos, además de conocidos.

En su clase leímos, entre otros, a Swift, Shakespeare, Kipling, Goethe, Flaubert y otros que se me escapan de la memoria; se trataba de lectura obligada semanal, es decir, una obra por semana, con su respectivo análisis desde el enfoque histórico y literario, con las implicaciones que eso podía tener, particularmente para quienes no tenían desarrollado el hábito de la lectura lo cual no era mi caso. En cuatro frecuencias por semana, nos alcanzaba para comentar lo leído y lo escrito, para discutir nuestros puntos de vista frente a los suyos, para exponer nuestros argumentos y confrontarlos con otros y perfilarnos para la siguiente pieza literaria que guardaba una relación, aunque fuera débil, con la anterior, hasta tejer una historia mayor.

Por supuesto Varela era el terror de mis compañeros y, a ratos, el mío también; era rígido en su evaluación, ácido en sus comentarios y buen conversador, si le gustaban los argumentos. Después, visité la secundaria en la que era director, para hacer mi práctica docente, porque era la escuelita que me quedaba más cerca de mi casa; nunca imaginé que tiempo después compartiría con él en la misma zona escolar, tiempo en el que aprendí más que en esa desafortunada práctica y, justo antes de concluir los cuatro años de licenciatura, me apoyó con una publicación, como Consejero Editorial, en la que tenía cancha libre para hacer cosas que me parecían interesantes, hasta que la historia de Paradoja y “el Jefe” Valera, nos alcanzó para que la revista fuera suspendida.

Al concluir esa formación docente inicial, Varela se convirtió en mi compañero docente en la Normal; ya no era mi terror, sino el de otros, y podíamos hablar de igual a igual de libros y publicaciones por las que compartíamos el gusto. Su postura siempre fue de ser superior, aunque sé que solamente era eso, una pose pública que debía mantener el mayor tiempo posible; su frase “A partir de este momento me convertiré en la peor de sus pesadillas”, dirigida a sus alumnos, ahora me quedaba clara y, aunque no la compartía, muchas veces otros compañeros me recriminaban haber adoptado esa frase para mi actuación.

Pocas veces tuvimos desacuerdos, en muchas ocasiones coincidimos en la apreciación de algún hecho detectado entre los alumnos que compartíamos y en otros momentos, pocos, pero significativos, fuimos cómplices para tirar carrilla a Arellano, Chiu y hasta a Gilberto Garza. En los últimos años, su impresión hacia mi persona se hizo distinta, creo que me veía como a uno de esos alumnos que casi te alcanzan, o al menos lo intentan, al menos eso me hacía sentir, con el hálito de respeto con el que platicaba conmigo, con los comentarios cercanos, casi íntimos, que se tienen entre profe y alumno, con la confianza de reclamar y atender inquietudes que compartimos en torno a la tarea adoptada al interior de nuestra Normal.

Lo identifico como un Profe bueno, uno de los que se arremangan la camisa para agarrar el gis y se quitan el saco para actuar su rol docente; lo identifico como un Profe bueno porque escuchaba a sus alumnos y discutía sus ideas como uno más, sin mayor autoridad que la del profe que sabe, el que ha caminado por otros caminos, el que quiere dar más, aunque no sepa cómo hacerlo, porque no es su estilo, su personaje, su modo…

Varela deja un hueco en la Normal, justo cuando se necesita mayor atención a la formación docente, en el ámbito de la lectura, en el compartir experiencias, en lo que él sabía y se lleva a donde quiera que vaya. Descanse, como sea que lo haga, Enrique Varela Bueno, mi profe bueno.

Bueno bai

10 comentarios:

  1. Me advertiste aquella tarde...yo que... con Varela...Un Maestro peculiar...lo más importante que me enseñó, era su frase recurrente..."ustedes ya saben todo esto"... y solo pensaba si supiera que no lo se...y algo que le agradeceré siempre es sentirme escuchado con respeto e interés...que las más de las veces no merecía...Lo bueno es que formó buenos docentes como tú, para dignifica la profesión...Saludos

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  2. Sabes que te quiero muchísimo Oscarito!
    Disfruto tanto leerte…
    Gracias por compartir tu talento!

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    1. Perdón!
      Soy Magda Guerra, la tecnología no es lo mío.
      No me fijé que publiqué como anónimo! 😵‍💫

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  3. Oscar Benavides , que excelente narración para describir al Maestro Varela, aún y que también estudie aquí en la ENS Lengua y Literatura no tuve la fortuna de tenerlo como mi Maestro, me tocaron grandes también Garma, Faz, Cañamar , Valero, Solorio, Ricardo Escobedo, Guillermo Lozano, entre muchos otros, recibe un fuerte abrazo y a Varela Bueno muchos aplausos por ser un Profe Bueno, tu Maestro 👏👏👏

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  4. Iki-Sol ( la rebelde )29 de marzo de 2025, 2:19 p.m.

    Hola Oscarito, por aquí estuve…

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  5. Gran reseña de un gran compañero maestro. El “tocayo por que nos dicen tocayo”” lo voy a tener presente. De Enrique a Enrique descansa en paz, que Varela siempre fue Bueno. Un gran maestro u. Gran amigo. Se te va a extrañar!! Vuela alto. 🙏

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  6. Oscar parece como Anónimo: soy Rodríguez. Hii. Gracias por ser parte de esta reseña. Saludos.

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  7. Gracias por refrescar tanto mi memoria... Así le recordaré también: "A partir de este momento me convertiré en la peor de sus pesadillas" con una sonrisa maliciosa que, dicho sea de paso, él mismo se encargó de hacernos sentir lo contrario...

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