Mostrando las entradas con la etiqueta confianza. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta confianza. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de febrero de 2012

Cuestión de confiar


La confianza es, según el diccionario de la RAE, la esperanza firme que se tiene de alguien o algo, y me parece que últimamente juega un rol importante en los diferentes círculos sociales; por ejemplo, cuando sales de paseo, al trabajo, a buscar la cena o la escuela, confías en volver a casa sano y salvo, aun cuando las probabilidades de lo contrario aumentan cada día, y del mismo modo esperas regresar y no encontrarte con malas noticias.

En mi caso, la confianza es una especie de motor que me permite establecer parámetros de compromiso con mis amigos, familia, compañeros de trabajo, alumnos y gente que me rodea; y es que, aunque suelo ser mal pensado (para no errar), no puedo evitar depositar mi confianza en los demás sin más seguridad que la buena fe, con la firme esperanza de algún día recibir el mismo trato.

Una pequeña muestra de los
confiables... Los alumnos, claro...
En mi trabajo sucede lo mismo: confío en mis alumnos. De los que pronto ocuparán las aulas como docentes, espero que hagan su mejor papel: que exijan mejores clases, que alcen la voz con buenos argumentos cuando tengan que hacerlo, que sean buenos lectores y que se transformen en buenos maestros; de los otros, los adolescentes que atiendo por las mañanas, espero que se conviertan en adultos conscientes del esfuerzo que exige su entorno para sobrevivir, que entiendan que lo que hacen sus padres es para su beneficio y que la tarea que nos han encomendado en la escuela tiene que ver con su futuro.

Hace unos días escuché con desaliento a un padre de familia que decía confiar la educación de sus hijos a la escuela, y por más que intentaron explicarle que eso le tocaba a él y que a la escuela sólo era responsable de instruirlo, seguía cada vez más molesto con su misma canción. Lo anterior fue provocado porque en la escuela a donde asisten sus hijos se presentó un caso bullying que había pasado desapercibido por los maestros, hasta que el niño acosado se ausentó de su casa para refugiarse en la de un amiguito. Lo curioso es que los papás se dieron por enterados de la desaparición hasta después de las 22:00 hrs. ¿la culpa es de la escuela?

En otra parte me he enterado de un par de niños de siete años que practicaban sexo oral en el aula mientras la maestra, de contrato, preparaba su celular para grabar en caso de balacera, tal vez con eso le dieran la base o mínimo un premio. En ese caso, que nadie reclama públicamente, sin lugar a dudas la maestra faltó a la confianza depositada en ella, pero el acto tiene su origen en casa de los niños, no es la escuela. Cabe señalar que la profesora perdió el contrato bajo la mayor discreción.

Profesores incógnitos de Secundaria
Hace unos días, tema resonado hasta el desgaste, otra maestra dejó olvidado a un alumno en el salón, hasta el día siguiente que lo encontraron dormido bajo el escritorio. Se ha dicho que lo castigó negándole la salida y que con toda intención puso candado a la puerta para evitar la fuga del pequeño; pero también se ha notado que se trata de una batalla entre televisoras y cualquier cosa que se diga al respecto tiene ya poca credibilidad. Quienes conocen el caso pueden responder: ¿culpa de la escuela?

En mi escuelita han pasado cosas también: una maestra que deja a los alumnos mucho tiempo después de la hora de salida, otra que los encierra con candado para que no se salgan del salón mientras ella se ausenta, otro que les da a leer cuentos que calan en las buenas costumbres familiares de alumnos con inocentes consciencias, y más. Lo más reciente fue una excelente plática sobre las consecuencias de los usos y abusos de las drogas, dirigida por jóvenes rehabilitados y que, por cierto, no representan a ninguna religión, pero que terminaron con cantos y oraciones que tienen origen en alguna religión o creencia religiosa.

Si bien el sentido de la charla fue bueno, incluir oraciones e imposiciones de manos mientras se invita a la reflexión, va en contra del artículo tercero que señala que la educación será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa”; allí se faltó a la confianza, no sólo de los padres, sino de la sociedad y de las leyes que nos rigen. Si algún papá hubiera protestado por esto, tengo claro de qué lado me pondría…


Tal vez algunos educadores tengan desviado el camino, tal vez algunos planteles se dirigen a discreción y se regulan conveniencia de las autoridades; tal vez algunos abusamos de la confianza o la usamos para andar en la calle tranquilos; pero lo que nadie puede negar es que mientras algunos tienen confianza, otros salen con fianza. ¿La escuela tiene la culpa?

Hasta luego.

viernes, 20 de marzo de 2009

¿Amigos?

Veinte años y cuarenta kilos después, me encontré a Ricardo, quien junto a Esaú y Gerardo, en La Trenza, hicieron muchos de mis fines de semana divertidos. En su compañía hice mi primera presentación fuera de Monterrey, en Monclova la bella, y fue estando con ellos que aprendí a tocar el charango, el cuatro y algunos instrumentos de viento que sonaban bien solos o acompañados de guitarra, vino y amigos.

Desde entonces he puesto atención a la gente con la que me rodeo para no sufrir descalabros; me he dado cuenta, por ejemplo, que a la primera oportunidad me hago amigo de los demás aunque no me consideren igual, lo cual no importa en lo inmediato, puesto que eso no nace de la noche a la mañana, sino después de un proceso que exige poner a prueba la confianza y otras cosas que en este momento me parecen mariconerías.

Muchas veces aquellos a quienes considero amigos me han dado con la puerta en la nariz o me han dado una patada en el trasero y confieso que algunas veces he hecho lo mismo, más por idiota que por malo, y eso no me hace sentir mejor. En mi historia con los Trenzos me di contra la pared cuando me enteré que me grillaban porque cobraba lo mismo que ellos, lo cual no era mucho pero yo no lo tenía que dividir, y de algún modo, no lo sé de buena fuente sino por chismes, condicionaban sus tocadas a cambio de que no me contrataran.

Hoy los amigos cobran importancia de nuevo, como siempre, porque se ha hablado de lealtades en mis dos trabajos. En uno, no falta el chiflado que se cree indispensable para que las cosas marchen, el amargado que se siente excluido y burlado, el paranoico que espera el madrazo y el que se deja llevar por las emociones del momento. Eso es normal en cualquier familia que se digne de serlo.

En el otro existen las mismas personalidades con otros actores, escenarios y ambientaciones. La diferencia entre una y otra es el grado de compromiso que existe para sobre llevar la trama de telenovela que vive cada día: El niño bien querido que es maltratado por los malos de la historia mientras las heroínas asumen su rol de malentendidas o divas, dependiendo de su posición.

Con ese guión me preguntaron ayer si estaba enojado, seguro por el gesto que siempre me cargo, pero la pregunta no fue por interés real, sino una manera de provocar, pues algo de culpa debe haber en quien preguntó, pues sin condiciones le ofrecí y demostré confianza y ésta fue vendida sin darle la oportunidad de defenderse. No me molestó tal acto, sólo me decepcionó mucho, pues creo que quien exige respeto, lealtad y compromiso es lo menos que puede ofrecer, sin importar el precio.

Lo malo es que muchas veces el precio rebasa nuestra capacidad de asimilación y no medimos las consecuencias de vender lo que nos ofrecen: algunas veces la gloria y otras la vergüenza. Lo bueno es que en el camino muchas veces tenemos tiempo de buscar lo que necesitamos, lo que queremos, lo que somos y decimos para que nadie nos tome de sorpresa.

Me dio gusto ver a Ricardo, me dio gusto verlo bien y lejos de su pose de vedette, medio gusto contar por un rato con su amistad – o mejor dicho, ser su amigo por un rato-, me da gusto seguir viendo a la gente y equivocarme al hacer amigos pues eso me da la oportunidad de pensar que todo está bien y que el mundo sigue girando.